(o del porqué odio las fiestas)

Probablemente se estarán preguntando porqué si odio las fiestas he adornado este blog con motivos navideños  y demás. La respuesta es...¡exacto! Porque Paty es así.

Siempre me jodió la  frivolidad del marketing, el imperio de la gula y la desesperante penetración del "look europeo" de las fiestas. No tengo nada en contra de los europeos, pero sí de nosotros sudamericanos pelotudos que no vemos que ACÁ HACE UN CALOR DE LA SAN PUTA, no nieva, no hacen falta las avellanas, ni las almendras, ni la comida calórica...ni un "Santa" vestido con pieles (poca onda con Greenpeace este señor). Por el Sur adornamos todo con nieve y "calcetines", cuando nos hace falta una buena piscina, andar en pelotas, mucho jugo de frutas (con alcohol si quieren) y una buena cantidad de hielo.

Pero no quiero olvidarme que también "nos penetraron" (porque a los sudamericanos nos penetra cualquiera) desde Yanquilandia, el reino de la c*ca-c*la (no pongo el nombre entero porque a ver si me penetran con un juicio...je...pero se entiende). Ahora la Navidad le ·pertenece· a esta empresa multinacional, que se dedica en sus spots a enunciar deseos y vestir todo con sus colores rojo y blanco. Hasta tienen la falta de decoro de decir que esa es la mejor manera de vivir. Yo diría, en cambio, que es el mejor camino a la diabetes o la obesidad en los pibes.

Aclaro que no estoy en contra de ninguna manifestación religiosa. Y por eso, sigo aclarando: la Navidad es el nacimiento de Jesús (haya sido o no en esa fecha que dice la iglesia que fue). Bajo ningún concepto es la venida de un tipejo vestido con los colores de la gaseosa yanqui, puesto a vender humo desde el siglo pasado. Eso de Papá N, es puro verso, carajo! Una cosa fue San Nicolás...pero ni se parece a ese tal Santa.

Igual jugamos con esa idea. De la misma manera jugamos cada año nuevo a que se termina el mundo. ¡Uf! Si se terminara el mundo de verdad cada puto año nuevo, ¡ni cuenta nos daríamos! Con el pedo que se maneja el 31 a la noche y madrugada del 1ero, la conciencia y el cuerpo adormecidos, podríamos ir a saludar a San Pedro y todos los Santos sin sorprendernos.

Esta es una pequeña autocrítica...no es amargura.

Y por otro lado, no me gusta la Navidad porque hace 20 años atrás un 25 de diciembre murió mi primo más querido. Y nunca más el pan dulce fue dulce, ni el árbol de navidad tuvo luces.

Y este año será más duro todavía, a mil seiscientos kilómetros de casa.

Y todo esto no quiere decir que no tenga buenos deseos.

Ya les haré una lista, porque...

 

Paty es así©